Una piedra que parece madera

La madera petrificada engaña a la vista antes de engañar al tacto. Los anillos de crecimiento siguen ahí, las fibras también, pero lo que sostenéis entre las manos ya no es madera: es cuarzo. Hace unos 230 millones de años, en el Triásico, un árbol cayó en el sudoeste de Madagascar y quedó sepultado antes de descomponerse. El agua cargada de sílice penetró célula a célula y sustituyó la materia orgánica por mineral, conservando la forma hasta la última veta.
Esta transformación cambia todo lo que sabéis sobre el cuidado de la madera. No hay barniz que renovar, ni aceite que aplicar, ni humedad que temer. Limpiar una pieza de madera petrificada consiste, sobre todo, en no complicarse la vida.
Por qué esta piedra apenas exige cuidados

El cuarzo se sitúa en 7 sobre la escala de Mohs. Es más duro que una hoja de acero, insensible al agua, al calor, a los rayos UV y a las heladas. Esta composición mineral explica por qué una mesa o una vasija de Medusa atraviesa las décadas sin protección especial:
- No teme la humedad: se puede fregar, mojar, dejar bajo la lluvia sin consecuencia.
- No teme el calor: soporta un plato caliente o el sol directo sin decolorarse.
- No se raya con el uso normal: los objetos domésticos no la marcan.
- No requiere ningún producto de mantenimiento específico.
Lo que exige cuidado no es la piedra, sino el olvido de tratarla como si fuera madera.
La limpieza cotidiana
Un paño húmedo basta la mayoría de las veces. Para el polvo, un plumero o un trapo de microfibra seco. Para una limpieza más completa, agua tibia con un jabón neutro, aplicada con una esponja no abrasiva, seguida de un secado con un paño limpio para evitar marcas de cal si el agua es muy dura.
No hace falta ritual ni frecuencia impuesta. La pieza no se deteriora por el hecho de no limpiarse: simplemente acumula polvo, como cualquier objeto mineral expuesto al aire.
Para las superficies pulidas
El pulido revela la profundidad de las vetas y el contraste de los colores. Un paño de microfibra ligeramente humedecido, sin producto, mantiene ese brillo sin dejar residuos. Evitad los paños de algodón demasiado ásperos en superficies muy pulidas: pueden dejar una pelusa fina, sin dañar la piedra.
Para las superficies en bruto
Un cepillo de cerdas suaves, incluso un cepillo de dientes usado, ayuda a llegar a los huecos naturales del tronco sin forzar nada. El agua a presión moderada es perfectamente tolerada al aire libre.
Manchas, grasa y accidentes domésticos
Una vasija de baño, una mesa de comedor: los usos cotidianos dejan a veces marcas de grasa, de vino, de cera o de calcio. Ninguna de ellas penetra en el cuarzo, que es no poroso. Lo que se ve en la superficie se queda en la superficie.
- Grasa o aceite: agua jabonosa tibia, sin frotar con fuerza.
- Cal o residuos de agua dura: un poco de vinagre blanco diluido, luego aclarado y secado.
- Cera de vela: dejar endurecer, retirar con una espátula de plástico, después limpiar con agua jabonosa.
- Manchas de vino o de café: un paño húmedo suele bastar; si persiste, un producto desengrasante neutro no representa ningún riesgo para la piedra.
No existe un producto prohibido por reacción química: el cuarzo no se disuelve ni se corroe con los limpiadores domésticos habituales.
Lo que debe evitarse

Evitar no significa que la piedra sea frágil, sino que ciertos gestos son simplemente inútiles o pueden dañar el mueble sobre el que descansa, o el suelo:
- Los ácidos fuertes concentrados (desincrustantes industriales) pueden, con el tiempo, atacar ligeramente el pulido; se recomienda diluirlos.
- Los productos abrasivos en polvo pueden marcar un pulido de espejo, aunque no la piedra en sí.
- Levantar o mover la pieza sin ayuda: el peso del cuarzo es considerable y merece precaución, no por la piedra, sino por quien la manipula.
Fuera de eso, no hay gesto erróneo. La madera petrificada perdona casi cualquier error de mantenimiento.
Cada tronco, un color que no se repite

En Medusa, cada tronco tiene nombre propio: Ambra para el ámbar, Argentea para el plateado, Fusca para el marrón profundo, Umbra para las tonalidades oscuras, Viridis para el verde. No son categorías de catálogo, sino árboles individuales, extraídos uno a uno en el sudoeste de Madagascar, cuya coloración depende de los metales presentes durante la mineralización: hierro para los rojos y ocres, manganeso para los negros y violetas, cromo o cobalto para los verdes y azules.
Esta singularidad tiene una conséquence directa sobre el cuidado: aucun produit ne peut « raviver » une teinte, car il n'y a rien à raviver. La couleur est minérale, fixée depuis 230 millions d'années. Elle ne pâlit pas au soleil, ne se ternit pas avec l'âge. Un simple entretien la restitue telle quelle, sans artifice.
Descubrid los troncos disponibles y su color único.
Ver la tiendaPreguntas frecuentes
¿Puedo usar productos con lejía o amoníaco?
Sí, en dosis domésticas habituales el cuarzo no reacciona. Se recomienda igualmente aclarar bien para evitar residuos visibles en el pulido.
¿La madera petrificada teme el sol directo?
No. Al ser cuarzo, es totalmente insensible a los rayos UV: no se decolora ni se reseca, a diferencia de la madera natural.
¿Necesita aceite o cera como una mesa de madera?
No. No es un material poroso ni orgánico, por lo que no absorbe aceites y no requiere ningún tratamiento de nutrición.
¿Cómo sé qué tronco corresponde a mi pieza?
Cada pieza vendida por Medusa procede de un tronco identificado y nombrado. Podéis consultarnos para conocer el origen exacto y las características minerales de la vuestra.
